JOHN CAGE Y EL SILENCIO

Extracto del artículo de Xabier Erkizia sobre John Cage y su obra 4’33”

Escuchar nuestra propia sordera

No entendieron su objetivo. No existe eso llamado silencio. Lo que pensaron que era silencio, porque no sabían como escuchar, estaba lleno de sonidos accidentales. Podías oír el viento golpeando fuera durante el primer movimiento. Durante el segundo, gotas de lluvia comenzaron a golpetear sobre el techo, y durante el tercero la propia gente hacía todo tipo de sonidos interesantes a medida que hablaban o salían. — John Cage sobre la premier de 4′33′′

En octubre del año 2007, tuve la oportunidad de visitar por primera vez una cámara anecoica. Hasta entonces había escuchado y leído infinidad de veces sobre la conocida y tantas veces citada anécdota de la experiencia vivida y posteriormente relatada por John Cage en la cámara anecoica de La Universidad de Harvard. Experiencia que presumiblemente serviría como concepto para la composición más conocida y polémica del compositor norteamericano: la célebre y ruidosa 4ʼ33”. En 1951 (según algunas versiones, porque la fecha varía de unas a otras) Cage, en su personal búsqueda del silencio, se adentró en una de estas salas sordas para, según sus propias palabras, ratificar que el silencio no existe. Una cámara anecoica es un espacio acústicamente aislado, en el que los sonidos no generan ecos ni resonancias. Estas cámaras son utilizadas generalmente con fines científicos, con el objetivo de conseguir un entorno adecuado donde aislar y medir diferentes fenómenos acústicos. La sala a la que yo tuve acceso era una antigua cámara diseñada por una empresa de electrodomésticos y telefonía móvil, para medir las emisiones acústicas de sus productos. Me concedieron el permiso para acceder a la sala cuando apenas se utilizaba, según los propios operarios del centro en el que se ubica. Quizá por ello accedieron a ofrecerme la posibilidad de utilizar sus instalaciones sin ningún objetivo concreto, menos aún de carácter científico, mas que el de vivir una experiencia sensorial.

(…) oí dos sonidos, uno agudo y otro grave. Cuando los describí al ingeniero encargado, me explicó que el agudo era mi sistema nervioso en funcionamiento; el grave, mi sangre circulando. Hasta que muera habrá sonidos.

Esta anécdota tan conocida, ha sido durante las últimas décadas probablemente una de las experiencias sensoriales más reiteradamente comentadas dentro de la escena musical internacional. No conozco ningún artista sonoro o músico experimental que no haya deseado probar la experiencia de hacer desaparecer el espacio acústico y acercarse a esa supuesta escucha objetiva y pura. Hasta el punto de convertirse en una especie de mito de la escucha. Como todo buen mito, tiene sus ramificaciones y proliferan infinidad de historias de otras tantas experiencias, algunas de ellas quizás exageradas, que hacen referencia al terror y a la sensación de claustrofobia que algunas personas han sentido al adentrarse en una cámara de estas características. Y sobre todo el horror que genera en varias personas el escuchar sus propios sonidos internos. El escucharse, literalmente, a uno mismo. (…)

Xabier Erkizia